Prefiero frenar a un toro, que empujar a un burro.

Eso le dijo un gerente comercial  a un nuevo integrante del equipo.

Un toro sedesborda.

Se equivoca. Se adelanta.

A veces rompe cosas.

 

Pero se mueve.

 Un burro no se equivoca tanto. No se adelanta.

No rompe.

 

Pero tampoco avanza.

 Y lo peor:


Te obliga a empujarlo todo el tiempo.

 

La mayoría de las empresas dice que quiere resultados.

 Pero en la práctica, muchas prefieren burros.

 

Porque son más cómodos. Más predecibles.

Más fáciles de “gestionar”.

 Y ahí pasa algo interesante: Se construyen culturas donde el error molesta más que la

inacción.

 

Donde equivocarse se penaliza…pero quedarse quieto no.

 Entonces la gente aprende. No a hacer más.

Sino a hacer menos.

 

Y un día mirás los números, las ventas,

el crecimiento… y no entendés qué pasó.

 

Pero sí pasó algo.

No frenaste toros.

 Los fuiste apagando.

 

Ahora lo incómodo:

 

Este no es un post sobre equipos.

Es sobre vos.

 

En tu negocio, en tus ventas, en tus decisiones…

 

¿Sos el toro que hay que aprender a dirigir?

¿O el burro que alguien tiene que empujar?

 

Porque al final, el problema no es quién sos hoy.

 Es qué elegís ser cuando nadie te está mirando.

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