Una empresa puede tener al cliente, el producto y la intención de compra… y aun así perder la venta por sus propios procesos. En las ventas al Estado sucede algo parecido: detectar licitaciones y oportunidades de compras públicas no garantiza el resultado. Después vienen el análisis del pliego, la preparación de la oferta, la adjudicación, el cumplimiento y la cobranza al Estado.
Cada fricción interna puede transformar una buena oportunidad en una venta perdida. Y algunas son especialmente peligrosas porque nunca aparecen en los informes: simplemente desaparecen.
Por eso, venderle más al Estado no consiste solamente en encontrar más licitaciones públicas. También implica construir procesos que permitan aprovechar cada oportunidad desde que aparece hasta que finalmente se cobra.