Necesitaba un zócalo de mármol para una mesada de cocina. Nada fuera de lo común. Algo básico, simple, cotidiano.
Escribí a una marmolería en Mercado Libre. Nunca respondió.
Contacté a otra: me contestaron… para decirme que la demora era de tres semanas.
Sorprendido, llamé a una tercera. Atendieron enseguida: “En cinco días lo tenés pronto”.
Cinco días.
No era magia. No era un precio imposible. Era simplemente querer vender.
La pregunta es: ¿estas empresas necesitan ventas?
La respuesta es obvia: sí.
Entonces, ¿por qué no hacen lo que deberían hacer?
En un mundo donde ayer la omnicanalidad era un diferencial y hoy es apenas un servicio básico, cada canal importa tanto como el presencial. Ignorar un mensaje, contestar tarde o poner excusas no es un detalle: es abrirle la puerta al competidor que sí entiende el juego.
Las oportunidades de venta no se pierden: alguien más las aprovecha.
Y en este mercado, donde la velocidad y la atención son armas, dejar escapar un cliente es un lujo que ningún negocio puede darse.
Moraleja
En los negocios, la venta no la gana el mejor producto, sino el que responde primero.
Porque, al final, no es que el cliente no quiera comprar… es que tú no quisiste vender.
Y ahora respondete estas preguntas:
¿Cuántos clientes se te fueron porque respondiste tarde?
¿Cuántas oportunidades mataste con tu silencio?
¿De verdad necesitás más ventas… o necesitás dejar de espantar a quienes ya querían comprarte?
Un abrazo,
Andrés Ponce
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